miércoles, 15 de diciembre de 2010

Gracias y hasta siempre, Morente.

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Federico García Lorca.



No recuerdo la fecha exacta, el dato preciso, y sin embargo el recuerdo se mantiene fresco, persistente. Atando cabos, concluyo en que debió ser allá por el invierno del 96. Recibí la llamada de una amiga de Granada, más que invitándome, conminándome a subir a hasta allí so pena de perderme una ocasión singular, un encuentro, me pareció entonces, poco menos que imposible.

“Enrique Morente va a cantar con Lagartija Nick”, me dijo. Yo pregunté. Mucho, claro, porque aquello no terminaba de cuadrarme. Lagartija Nick era para mí entonces uno de esos grupos monumentales cuyo radio de acción quedaba limitado al pequeño universo de los iniciados -y dele cada cual a los iniciados el significado que su trayectoria le permita-.

Conocía a Antonio Arias desde su época en 091 y había tenido la suerte y el placer de hacer de puente, en la medida de mis escasas posibilidades, entre su nuevo grupo y el sello Romilar D, el encargado finalmente de poner en circulación sus primeros vinilos. Arias, Juan Codorniú, Eric Jiménez y, poco después, también Miguel Ángel Rodríguez Pareja, daban forma a una demoledora y fascinante banda en cuyo currículo figuraba ya entonces una trilogía inmensa e incendiaria -Hipnosis, Inercia y Su-, enormes discos de rock en los que la herencia punk coqueteaba con el futuro, rodajas desde las que saltaban las alucinadas profecías de Antonio -que al final nada tenían de escritura automática- para quedarse durante días dando vueltas en tu cabeza mientras la traducías al plano de la realidad. Mientras las descifrabas, vaya.

¿Que tenía aquello que ver con el flamenco? Sabía de la cercanía entre el grupo y el cantaor. Había coincidido con ellos en la presentación de aquel otro disco y proyecto multimedia dedicado a Lorca, De Granada a la Luna, y ya entonces resultaba evidente que la simpatía era mutua. “Parece que están preparando un disco juntos y van a tocar algunos de los temas”, me explicó mi amiga. En efecto: era una temeridad perdérselo.

Fue en las naves de la Feria de Muestras de Granada, en Armilla, ésas que todavía por algún tiempo acogieron el Espárrago Rock -cómo se echa de menos el Espárrago Rock, ¿verdad?-, con un público mayoritariamente no flamenco salpicado, uno por aquí, dos por allá, de escasos aficionados al cante jondo. Lagartija Nick atacó su repertorio con la rotundidad habitual hasta que llegó el momento del experimento. Subió Morente al escenario, comenzaron a tocar juntos por primera vez y… El resultado de todo aquello me desconcertó.

Hoy se da por hecho que Omega es la obra maestra que en fondo y forma sin duda es, pero quienes veníamos escarmentados de anteriores aventuras con el flamenco y el rock como protagonistas -qué desdén tan propio del punk, ¿verdad?-, albergábamos nuestras lógicas prevenciones. Omega no sólo no era un disco fácil -¿y qué?, siempre me han gustado ese tipo de retos-, sino que además se formulaba en un lenguaje nuevo, se cifraba en un código inédito para formular ese encuentro desde una perspectiva desconocida. Había que escucharlo muchas veces para entenderlo, para darse cuenta de que suponía el punto y aparte tras el que empezaba a escribirse un nuevo canon, justo como había pasado con Veneno, como había sucedido con La leyenda del tiempo, como en cierto modo volvería a pasar después a la inversa -con colaboración también del propio Morente- en La leyenda del espacio de Los Planetas.

En el caso concreto de Omega, aquello no era la consabida, cansina y vieja fusión, sino un disco de flamenco en el que el rock irrumpía propiciando momentos de intensa emoción y tensión.

La historia que vino después es de sobra conocida. La intrahistoria anterior lo es mucho menos. De la génesis del disco escribe mi compañero Jesús Arias un no menos emocionado artículo -vale la pena rastrear esa misma historia en otra narración del mismo autor, más desnuda y personal: A propósito de Omega, publicada este mismo año por la revista Litoral en su número 249, Rock español. Poesía & Imagen-. La sensación, esa extraña emoción, por su parte, se refuerza: Omega sigue siendo ese disco inagotable que hoy se escucha con congoja, a sabiendas de que el principal artífice de la reconciliación de otros como yo con el flamenco, simplemente, ya no está entre nosotros.


Artículo de Blas Fernández, en los diarios del Grupo Joly.

sábado, 11 de diciembre de 2010

No Way Through



Alrededor de Jerusalén el viaje de ambulancia promedio de un palestino es ahora casi 2 horas, frente a los 10 minutos en 2001.

En Cisjordania existen más de 600 puntos de controles militares internos y carreteras bloqueadas.

En estos puestos de control, los palestinos que necesitan atencion médica inmediata son sistemáticamente negados a pasar, negados a recibir ayuda médica para dar a luz, heridos e incluso muertos a tiros.

Esta película está dedicada a ellos.

Cortometraje de 7 minutos dirigido por Alexandra Boullion y Sheila Menon. (info)



jueves, 11 de noviembre de 2010

Tuve que dejar atrás el odio para no destruirme



Hay historias que le atragantan a uno el desayuno y la de Ernest Shujaa Graham es una de ellas. Es casi imposible pegarle un mordisco a una tostada cuando este afroamericano de 60 años, hoy jardinero en Washington DC, relata su vida, cómo sobrevivió a la pena de muerte. Ni él puede con la suya de jamón. Shujaa es hoy un hombre fuerte y frágil. Tiene la fortaleza para luchar por la "justicia social", y por eso, dice, ha venido a España. Pero al tiempo llora como un niño al recordar el día en que, tras ocho años encarcelado injustamente, supo, a través de un pequeño televisor de su minúscula celda de San Quintín, que iba a ser liberado, exonerado de todos los cargos, tres de ellos en el corredor de la muerte.
Shujaa no tuvo una infancia fácil en Lake Providence (Luisiana, EE UU). La miseria, cuenta, obligó a su madre a emigrar a South Central, Los Ángeles, dejándole atrás con su abuela. Durante cuatro años, la familia estuvo separada: "Solo tenía seis años, no podía entender por qué mi madre se marchaba. Éramos muy pobres. No teníamos baño, nos lavábamos dentro de un barreño", recuerda. Cuando su madre pudo, por fin, llevárselo a California, Shujaa empezó a meterse en problemas: "He estado en bandas y mantuve todo tipo de actividades", cuenta, sin especificar. Entró y salió con frecuencia de centros juveniles y fue encarcelado por un hurto de 40 dólares (28,87 euros).Cuando entró en prisión, no sabía leer ni escribir. Primero en la prisión de Soledad, luego en Stockton... "Recuerdo el día que entré. Me encadenaron a otro preso. Se llamaba Muhammad y tenía 45 años. Yo tenía 19. Me dijo que tenía que estudiar, leer, conocer la historia para entender lo que sucedía dentro de las paredes de la cárcel. Ahí empezó mi verdadera vida, mi educación", señala."Shujaa es el nombre que me puso un preso en 1973. Significa guerrero de los valientes. Me gusta pensar que soy un luchador", explica. Por aquella época, Graham tenía ya una fuerte conciencia política: "Me involucré en un movimiento que luchaba en prisión por la justicia social. La lucha era como en las calles, porque la cárcel es un microcosmos de la vida exterior. Muchos presos nos rebelábamos contra la brutalidad. Me convertí en diana. El 27 de noviembre de 1973, cuando un guardia de la prisión fue asesinado, yo y otro preso fuimos acusados falsamente".Ahí empezó su calvario. En 1976 fue condenado a muerte tras dos juicios, y enviado al corredor de San Quintín, una de las cárceles más duras de Norteamérica. Durante tres años, estuvo en peligro de ser asesinado. Hasta que quedó probada su inocencia, Shujaa pasó por cuatro juicios, en los cuales solo hubo un negro en el jurado, en el primero de los procesos. En 1979, llegó la noticia, la Corte Suprema del Estado de California anuló la sentencia de muerte. Pero aún tuvieron que pasar dos años hasta que fue liberado. Desde aquel día de 1981, lucha por la abolición de la pena de muerte en todo el mundo: "Sé que es posible conseguirlo. Pero llevará tiempo". La receta, dice, es "la educación".El desayuno sigue en su sitio. Shujaa apenas ha pegado un pequeño bocado a una loncha de jamón. Emocionado, se seca el sudor de su cráneo y borra las lágrimas con sus manos, al tiempo que dice: "Cuando salí estaba muy enfadado. Frustrado en realidad. Pero tuve que dejar atrás mi odio. Tenía que hacerlo para seguir adelante. Si no, ahora estaría destruido".

Visto en la contraportada de la edición impresa de El País, el 11 de Noviembre de 2010

domingo, 31 de octubre de 2010

El ladrón de caridad



1998. Sudán. Campamento de refugiados de Ajiep. Más de 100 personas mueren al día esperando una ración de arroz que llevarse a la boca. La peor y más ignorada crisis de hambre de la historia del país africano está en su punto álgido. La comunidad internacional, después de meses de desidia, consigue introducir ayuda en el país. El fotógrafo británico Tom Stodart acompaña a una unidad de Médicos sin Fronteras hasta el campamento. Allí, en una de las interminables colas para recibir la caridad, capta la imagen de un niño lisiado mirando desconsoladamente a un adulto con una bolsa de cereales. La fotografía no cuenta que, cinco segundos antes, ese adulto había arrancado la bolsa de las manos del pequeño. El fotógrafo fue acusado de pasividad, recordando tristemente la historia de otra trágica fotografía. Fuente, 2.

Tomado de Kurioso, premio Bitácoras 2010 al mejor blog cultural y al mejor microblogger.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Com conocí a tu padre


TEASER "COMO CONOCÍ A TU PADRE" from Morituri on Vimeo.



"Como conocí a tu padre", cortometraje protagonizado por Irene Anula e Iñaki Ardanaz y escrito y dirigido por Álex Montoya en 2008, con mas de 60 premios y seleccionado en Sundance.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Saltando por los charcos

Brosandi (sonriendo)
Hendumst í hringi (girando sobre sí)
Höldumst í hendur (cogiendo manos)
Allur heimurinn óskýr (el mundo entero está borroso)
Nema þú stendur (pero tu aguantas)

Rennblautur (empapado)
Allur rennvotur (completamente mojado)
Engin gúmmístígvél (sin botas de goma)
Hlaupandi inn í okkur (dentro de nosotros)
Vill springa út úr skel (quiere nacer rompiendo un cascarón)

Vindurinn (viento)
Og útilykt af hárinu þínu (y el olor del aire fresco en tu pelo)
Eg lamdi eins fast og ég get (golpeo tan deprisa como puedo)
Með nefinu mínu (con mi nariz)

Hoppípolla (saltando por los charcos)
I engum stígvélum
Allur rennvotur (rennblautur) (completamente mojado (empapado))
I engum stígvélum

Og ég fæ blóðnasir (y me sangra la nariz)
En ég stend alltaf upp (pero siempre me levanto)
(Hopelandic)

Og ég fæ blóðnasir (y me sangra la nariz)
Og ég stend alltaf upp (pero siempre me levanto)

Hoppipola, de Sigur rós

domingo, 19 de septiembre de 2010

Putos cojos



Con esta ruda expresión expliqué, en mi intervención en defensa de la Ley de la Memoria Histórica, el pasado mes de diciembre, en el Congreso de los Diputados, cuál era nuestra posición ante ella: durante años había existido una diferenciación ofensiva entre los caballeros mutilados del bando vencedor y los putos cojos de los vencidos.

Con mi expresión quería rebatir al entonces portavoz del PP, Zaplana, que llenó su discurso de lindezas sentimentales y hasta sacó a Azaña y a Indalecio Prieto de su terrible exilio para presentarlos como figuras que intentaron resolver el problema de las dos Españas. Ante tanto cinismo hacía falta mucha capacidad de contención, cuando uno ha leído el texto del franciscano confesor de la prisión de Zaragoza, o el magnífico libro de Jesús Aguirre en el que, pueblo por pueblo, saca a la luz los fusilados y tirados al borde de las cunetas. En la “incruenta” Rioja.

La ley, que salió con una amplia mayoría, sólo servía, hasta hoy, como un refrendo de que se podía seguir adelante en las excavaciones, pero poco más. Garzón, ese juez siempre enfrascado en temas delicados, ha puesto la guinda sobre esa ley y ahora las Asociaciones para la Recuperación de la Memoria Histórica podrán reclamar los ficheros y archivos encerrados bajo demasiadas llaves. 90.000 fusilados merecen justicia, reclaman justicia. Y no más putos cojos en ningún bando.

Artículo de José Antonio Labordeta, fallecido hoy, 19 de Septiembre en Zaragoza , e ilustración de Manel Fontdevilla en el diario Público.

domingo, 22 de agosto de 2010

Jabón



El conserje les dio una habitación en el segundo piso, pequeña, decorada con la funcional elegancia de las cadenas hoteleras. Dejaron caer las maletas, exhaustos tras el vuelo de ocho horas. Ella entró en el cuarto de baño y él se quedó en mitad de la habitación sin saber qué hacer, si sentarse en el borde de la cama, si quitarse los zapatos.

Se habían conocido durante las vacaciones. Ahora estaban de regreso. Aquella era sólo una parada intermedia. A la mañana siguiente ella tomaría otro avión y él un tren que los llevarían a sus respectivas ciudades de residencia.Llamó a la puerta del baño y ella lo invitó a pasar. La encontró examinando el kit de productos de aseo del hotel. Los tomaba y observaba uno a uno para luego devolverlos a su lugar, sonriendo como una niña. Le encantaban esos regalos de pequeños frascos de gel y champú, jabón, gorro de ducha, cepillo de dientes y servilletas empapadas en colonia que los hoteles ofrecen a sus clientes.

Como él había podido comprobar en las semanas anteriores, le producían un placer cálido, en cierto modo comparable a un recibimiento con los brazos abiertos. Ella cogió una pastilla de jabón de glicerina cuyo envoltorio rasgó con cuidado.-¿Tienes hambre?, preguntó él.

Ella olía el jabón y tardó unos instantes en responder, como siempre hacía ante las preguntas simples -¿Has descansado bien? ¿Te gusta ese helado?-, como si necesitase de una breve reflexión, un preguntárselo a sí misma.-Sí, tengo hambre.

Ahora parecía encontrarse mejor. Hacia el final del vuelo se había sentido mareada. El aeropuerto estaba cubierto de niebla. Habían tenido que permanecer una hora trazando círculos sobre la ciudad, hasta que la visibilidad mejoró. Él había agradecido la demora, que les permitía estar juntos un poco más.-Voy a llamar al servicio de habitaciones. ¿Qué te apetece?-Cualquier cosa... y una Coca-Cola.

Cuando él marcó el número, una voz masculina le informó sintiéndolo mucho de que el servicio de habitaciones no funcionaba los domingos.-Podemos salir, propuso después de colgar.Ella torció la nariz mientras se desprendía de los zapatos.

-Estoy demasiado cansada. ¿Qué hay en el mueble-bar?-Nada apetecible. ¿No quieres estirar las piernas?-Ve tú. Yo puedo esperar al desayuno.
-No sé.

No quería dejarla sola.

-Vamos, vete, lo animó ella.Realmente estaba hambriento.

-No tardaré, prometió. Buscaré algún sitio donde preparen comida para llevar y te traeré algo.

-Y una Coca-Cola.Él ya estaba poniéndose la chaqueta.

-Puedes llevarte la llave, se despidió ella entrando de nuevo al cuarto de baño.Al igual que le había ocurrido cuando aterrizaron en el aeropuerto, le sorprendió el frío del exterior.

Varias de las personas con que se cruzó vestían ya ropa de invierno, lo que no contribuyó a mejorar su humor precisamente. No tardó en dar con un sitio abierto. Compró unos bocadillos y unos refrescos. Una triste cena para su última noche. Nada que ver con el sabor a manzanas dulces que la combinación de naranjas y champán crea en la boca, otro descubrimiento de aquellas vacaciones.

Su próximo encuentro, a varios meses vista en el futuro, le parecía más que lejano: improbable; y los frágiles contactos que mediarían hasta entonces, por email o teléfono, ruines e insatisfactorios.En el camino de regreso al hotel aceleró el paso.Cuando entró en la habitación, ella tomaba un baño. Descansaba con la nuca apoyada sobre el borde esmaltado.

-Hola, dijo cuando lo oyó entrar, y sonrió. Luego añadió:-Te estaba esperando. Has tardado muchísimo.

Y volvió a sonreír.

Él no necesitó que le dijera más. Se desvistió de inmediato. Las ropas arrugadas y polvorientas, puestas y vueltas a poner demasiadas veces durante los días anteriores, cayeron al suelo. La bolsa con la cena quedó olvidada en un rincón.

Se metió en la bañera. El nivel del agua subió hasta casi desbordarse. Estaban frente a frente. Él tenía que permanecer con las piernas flexionadas, un tanto incómodo.Entre risas, ella tomó la pastilla de jabón de glicerina y comenzó a frotarle. Él se dejó hacer. Cerró los ojos. Ella le frotó el cuello, detrás de las orejas, la cara, el mentón áspero con barba de dos días, las axilas, el pecho, los muslos y entre las piernas, y a continuación se arrodilló para estar más cómoda, derramando algo de agua al moverse, y acercó su boca a la de él con la disculpa de lavarle la espalda.

-Ahora tú, dijo luego, tendiéndole la pastilla de jabón.

Él la imitó, ayudándola a lavarse. Mientras tanto ella también cerró los ojos, riéndose cuando él se detenía más de lo necesario en alguna parte de su cuerpo. A veces el jabón se le resbalaba de las manos y encontrarlo en el agua espumosa se convertía en un juego fascinante.

Tras finalizar su aseo cambiaron de postura. Ella se recostó contra el pecho de él. Descansaron así. Las yemas de los dedos arrugadas y las uñas blanquísimas. Las respiraciones sincronizadas. Los dos en silencio.

Ella volvía a sostener la pastilla de jabón, escurridiza, fragante y dorada, que les había liberado de la suciedad del viaje. Se la acercaba a la nariz para disfrutar de su aroma, y le entristecía notar cuánto había mermado su tamaño.

Imagen: Mujer en la bañera, de Antonio López

Relato de Jon Bilbao, en Público


lunes, 26 de julio de 2010

Nada para la vuelta

¿Quieres saber como lo conseguí...? ¡Así es como lo conseguí...! ¡Jamás me reservé nada para la vuelta!

Escena de Gattaca.

viernes, 25 de junio de 2010

viernes, 4 de junio de 2010

No han conseguido doblegar a mi hijo



Soy la madre de David Segarra Soler. Son las cinco de la madrugada del día 2 de junio. Amanece en Valencia y acabo de enterarme de la liberación de todos los secuestrados en territorio israelí, entre ellos, mi hijo.

En estos momentos no siento ningún odio hacia Israel. Y no por un motivo altruista, noble o religioso, sino por puro egoísmo: el odio te destruye. Y un buen ejemplo de ello lo está dando Israel. Nacido del sentimiento de culpabilidad colectiva de una Europa cobarde que no supo defender a sus ciudadanos judíos de otro odio, el nazi, parece como si la historia no le hubiera enseñado nada a Israel. Está repitiendo las mismas pautas de odio, muerte, deshumanización del contrario, ocupación de territorios, construcción de muros y alambradas, soberbia racial... solo que ahora las víctimas ya no llevan una estrella cosida a la ropa, ni el gueto está en Varsovia. Está en Gaza y Cisjordania.

No quiero contar el infierno personal por el que he transitado estos días. Sería ridículo al lado del continuo y diario dolor de las madres palestinas. Soy una afortunada, mi hijo David vuelve de la masacre del Mavi Mármara sano y salvo.

Los soldados israelíes le habrán podido destrozar su única arma letal: la cámara de vídeo. Pero lo que olvidan es que los seres humanos tienen ojos, oídos, boca y memoria para contarle al mundo el horror del que fueron testigos. Y contra eso, toda la poderosa propaganda israelí no puede hacer nada. Siento tanta lástima por la evolución de Israel como inmensa admiración por mi hijo, a quien toda una maquinaria de terror no ha podido doblegar. Igual que jamás conseguirá doblegar el espíritu del pueblo palestino.

Carta publicada en El País de la madre de David Segarra Soler, una de las víctimas del criminal asalto de el ejercito israelí a la flotila de la libertad.

miércoles, 2 de junio de 2010

El miedo

Aprendí que el coraje no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es quien no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo. Nelson Mandela.


Vídeo de un spot de la marca chilena "falabella", con música de Antonio Vivaldi (las cuatro estaciones, primer movimiento de verano, allegro non tropo).

sábado, 22 de mayo de 2010

No, gracias.



Secuencia de Cyrano de Bergerac (1990) de Jean Paul Rappeneau con Gerard Depardieu, basado en la obra de teatro de Edmond Rostand.

viernes, 7 de mayo de 2010

Las Madres de Soacha




El 8 de mayo se celebra en Colombia el Día de la Madre, una fecha amarga para un grupo de mujeres que han vivido la peor experiencia que una madre puede soportar: la muerte de su propio hijo.

Son las Madres de Soacha (Colombia), mujeres valientes que no pensaron en ser activistas de derechos humanos hasta que sus propios hijos fueron asesinados, a sangre fría, por el ejército de su país. Desde entonces, han dedicado su vida a la búsqueda de justicia.


Porque eso es todo lo que ellas piden: que se investiguen las muertes, que se sepa la verdad y que se juzgue a los responsables.

No es tarea fácil. Mujeres como Blanca Nubia Monroy (en la foto) arriesgan su vida cada vez que hablan. Desde que iniciaron su campaña, las madres de Soacha han sufrido amenazas y coacciones con el fin de silenciar su campaña.

Una campaña larga y peligrosa, pero no están solas.


Nunca podremos devolverles a sus hijos, pero sí podemos acompañarlas en su lucha. En vez de firmar una petición, hoy te proponemos que apoyes nuestra campaña de una manera muy especial: con flores. Por favor, envía una rosa
por las madres de Soacha y escribe un mensaje personal para ellas.

Pincha aquí y envía hoy mismo tu rosa. Para que sepan que, en este día, las recordamos.


Recibido por e-mail desde Amnistía Internacional.

viernes, 30 de abril de 2010

1000 cosas maravillosas



Deprimido por la lectura diaria de malas noticias y en medio de una crisis matrimonial, el canadiense Neil Pasricha decidió intentar centrarse en lo positivo y pensar en 1.000 cosas sencillas, gratuitas y geniales, publicando día una de ellas en un blog.

Pasricha dijo que su blog 1000awesomethings.com pretendía subrayar los placeres simples de la vida, a menudo dados por sentado, como encontrar dinero olvidado en un bolsillo, ponerse ropa interior directamente salida de la secadora, o arreglar aparatos electrónicos con un golpe.

Pocos se dieron cuenta de que su blog pondría el dedo en la llaga y atraería a 40.000 personas al día para unirse a sus discusiones sobre cómo disfrutar del último triángulo de una patata al fondo de una bolsa o sobre el placer de acabar llorando después de reírse muy fuerte.

Pasricha, de 30 años, que trabaja en un departamento de recursos humanos en Toronto, se quedó estupefacto cuando ganó dos premios Webby, considerados "los Oscar de Internet" al mismo tiempo que su matrimonio acababa y uno de sus mejores amigos se suicidaba.

Entonces, entre sus dramas personales y las dificultades de una crisis económica, también firmó un acuerdo para un libro, y "The Book of Awesome", que contiene 200 de sus cosas sensacionales, sale esta semana.

"Convertí el peor año de mi vida en mi mejor año centrándome en lo positivo. En Amazon tengo un ránking mejor que el del Dalai Lama y creo que es una señal de que la gente quiere que vuelva el optimismo", dijo Pasricha a Reuters en una entrevista telefónica.

"Todos los días intento encontrar algo que sea impresionante, gratuito y universal para compartir, como aplastar las burbujas de un envoltorio de plástico, oler una panadería o la sensación de que se abra una nueva caja en un supermercado".

Pasricha dijo que cuando empezó su blog en junio de 2008 pensó que podría tener dificultades para que se le ocurrieran 1.000 momentos sencillos pero impresionantes en la vida, pero ahora va por más de la mitad y las ideas siguen llegando, tanto de él como de los seguidores de su blog.

"La idea de tener un contador de cosas estupendas es casi un cliché, pero yo intentaba definir un nuevo matiz de genial: cosas que sabemos que son geniales pero simplemente no lo decimos en algo o hablamos con otra gente de ello", declaró, citando el ejemplo de los satisfactorios últimos segundos de desenredar un nudo difícil.

Pese al éxito de su blog y el próximo lanzamiento de su libro, Pasricha dijo que no tenía intención de cambiar su vida diaria.

"Tardo una hora al día en ir a trabajar a las afueras y trabajo en un cubículo. Me gusta mi trabajo porque me gusta la gente con la que trabajo. No soy escritor y no sé cómo usar el punto y coma. Simplemente me gusta observar el mundo y documentarlo", declaró.

Noticia publicada por Reuters, foto de Florian Hildebrandt.




viernes, 16 de abril de 2010

El filo de los sueños


La vieja nuba.
Durante 18 meses vivió con los nubas, en Sudán, aprendió a cazar, contar cuentos, bailar y hablar como ellos: “Los sustantivos varían si los miran una persona o varias, si están al sol o a la sombra y si uno va o viene”. Una anciana desnuda se le acercó y pellizcándole el pezón le dijo: “¿Por qué estás siempre trabajando?, ¿y el placer, el sexo, los hijos, el baile y la música?”. Cuando regresó a Escocia se especializó en documentales científicos: “Me mostraron una placa de Petri en la que depositaron unas células que al juntarse comenzaron a latir como un corazón. Tuve la sensación de que así fue el principio de la vida” En su último documental lo mezcla todo: humor, misterios, ciencia y vida privada.



Todo comenzó cuando murió mi madre.

Extraño comienzo.

Una noche soñé que George, mi precioso caballo, me decía: “Prepara tu cámara, porque voy a morir”. Y desperté.

… Y fue corriendo a ver al caballo.

Si, y estaba muerto. Quise grabarlo porque estaba haciendo mi doctorado sobre la muerte. No había amanecido, tenía miedo, se me cayó la cámara y se rompió.

¿Y qué hizo?

Despertar a mi marido.

Cuénteme lo del doctorado.

Cuando mi madre moría, pude ver como atravesaba una experiencia física y emocional importantísimas, y ocurrió algo más: cuando expiró corrí a abrir la ventana y le dije: “Gracias y que tengas buen viaje”. ¡No tiene ningún sentido, soy atea! Así que para entenderlo decidí hacer el doctorado.

Muy racional.

Filmaba todo lo que tuviera relación con la muerte. Trabajé en una residencia de ancianos y grabé…


Hay quien toma notas, y usted graba.

…pero mi investigación sobre la muerte dio un giro cuando se convirtió en algo personal. Tuve otro sueño: mi primera pareja, con la que tuve un hijo y que había muerto de cáncer, me decía: “Amy, no se como decírtelo, pero te vas a morir a los 48 años”.

¿Qué pensó?

¡De ninguna manera!, le dije enfadada. Pero fue tan real que pensé: de acuerdo, tengo 18 meses de vida. Se lo conté a mi marido y también lo grabé.

¿Y que le dijo?

Es psicoterapeuta, así que intentó convencerme durante una hora de que ese sueño podía representar muchas cosas. Cuando acabamos de hablar estaba segura de que me iba a morir.

Veo que confía en su marido.

Al cabo de unos meses me puse enferma, no podía respirar. Los médicos me dijeron que ocurría algo grave en mis pulmones pero que no encontraban la causa. Hice el testamento, un seguro de vida, y me deprimí.

Pero siguió grabando.

Al principio era como una hipótesis científica: si existen los espíritus, estaré muerta en unos meses, pero tendré una gran vida como espíritu; si no existen, seguiré viva. Pero cuando enfermé, ya no me sentía tan valiente.

Ya.

No se lo había dicho a mis hijas. La menor un día me leyó la mano (estaba aprendiendo con las niñas de su clase). “¡Te vas a despertar muerta, no te queda vida!” me dijo.

¿Visitó a un psicólogo?

A un neurólogo, Mark Solms, que ha realizado muchos estudios sobre cómo afectan los sueños a personas que padecen tumores cerebrales. Me dijo que probablemente el caballo llevaba días apagándose porque morirse es un gran acontecimiento celular, y que de alguna manera me lo transmitió, y aunque no lo procesé racionalmente, la información estaba en mi subconsciente.

¿Y el sueño de su ex marido?

Me dijo que yo quería morir y que lo mejor que podía hacer era volver a la época del sueño y revisar que podía entender, y eso hice: fui a un chamán que me puso en trance y me dijo cosas sorprendentes.

Cuénteme.

“Puedes cambiar tu sueño, pero no puedes entrar en el mundo de los espíritus con miedo”. Pese a que no creía en los espíritus, estaba aterrorizada. Sigo sin entender que pasó.

¿Y qué pasó?

Encendí la cámara, me tumbé, y empecé a contestar lo primero que me venía a la cabeza: vi una serpiente, salté dentro de su boca, la serpiente me llevó junto a Arthur y le dije: “No estoy preparada para morirme”.

Bien dicho.

Luego encontré a una anciana y supe que era la mujer que se llevaba a los vivos. Me enfadé con ella, sé que parece una locura.

¿Porqué se enfadó?

Porque se había llevado a mi madre y pensaba que amenazaba mi vida. La ataqué, la estrangulé. Ella empezó a reírse y me pidió que me sentara junto a ella, y vi paisajes desoladores. Luego me dijo: te puedes ir.

Y despertó del trance.

No me pude mover durante dos horas, pero el miedo se había ido, sabía que tenía un futuro. Monté una fiesta e hice esta película.

¿Alguna conclusión?

Mark Solms me dijo que lo que conocemos de la realidad está limitado por nuestros cinco sentidos, más allá de ellos lo que existe es imperceptible para nosotros, pero eso no quiere decir que no exista.


Es probable que ese sexto sentido de la chamana lo tengamos todos, pero la mayoría sin desarrollar. He cambiado, ya no niego lo que no veo. Procuro mantener una comunicación constante conmigo misma y con lo que me rodea, sin cerrar ninguna puerta.

¿Y sus pulmones?

La chamana me dijo que esa enfermedad era metáfora de la enfermedad de la tierra, algo que yo había percibido. Existe un universo subjetivo del que somos parte y deberíamos trabajar para conectarnos con él.

Y sobre la muerte, ¿Qué ha entendido?

La gente dice que hay que tenerla presente, pero una mujer que cuidaba a su hija terminal me dijo: “Procuro vivir todos los días como si fuera a vivir para siempre”, y creo que es una perspectiva muy útil porque te vuelves muy cuidadoso con todo.

Amy Hardie, escocesa y realizadora de películas científicas, ha presentado en docsbarcelona The edge of dreaming. (Trailer)

Entrevistada por Ima Sanchís en La Vanguardia el 10 de Marzo de 2010.

Fotografía de Kelly Morris.

martes, 13 de abril de 2010

Mira al futuro para poder olvidar estos tiempos desdichados


En Auschwitz, en el marco de horror que le hizo ser el emblema del horror nazi, también se dieron algunos paréntesis de alegría y pequeñas victorias de los presos. Uno de estos momentos fue la única boda que se dio dentro del campo, la del preso austriaco Rudi Friemel y la española Marga Ferrer.

Margarita Ferrer, madrileña, había luchado en la Guerra Civil con 20 años, y durante la lucha se enamoró de una miembro de las Brigadas Internacionales, Rudolf Friemel.
En 1.939, junto con el resto de republicanos, ambos huyeron a Francia, al exilio, se separaron y reencontraron en varias ocasiones, en diferentes campos de refugiados, y en 1.941 tuvieron un hijo. En julio de ese mismo año, cuando intentaban huír a Viena a casa de los padres de Friemel, fueron detenidos en la estación de Vierzon, junto a su bebé.

Rudolf fue enviado a Auschwitz I, donde trabajó como mecánico en el garaje de la SS, y Margarita fue enviada a un campo de trabajos forzados en la Selva Negra, hasta que encontró refugio en casa de los Friemel.

Estando en Viena, Margarita supo que Rudolf había conseguido un puesto de dirigente en la rudimentaria resistencia de Auschwitz y que había pedido permiso a las SS para casarse con ella, para que el niño pudiera llevar su apellido, y para asombro de todos, el 6 de marzo del 44, un año después, Margarita recibió un telegrama requiriéndole para que se dirigiera a Auschwitz con el padre y el hermano de Rudolf en calidad de testigos, a casarse. Puede que fuera un momento de debilidad y humanidad o un acto de cruel cinismo por parte del régimen nazi...

El 18 de marzo de 1.944 por la mañana, llegaron a Auschwitz con la novia vestida con un vestido negro y una camisa blanca prestada, y llevando consigo a su hijo Edouard, que por entonces tenía ya tres años. A Rudolf le dejaron un traje.

La ceremonia se celebró, a las 11 de la mañana, en una gran oficina vacía del Registro, en la que normalmente se preparan los certificados de muerte de los presos, con archivadores que tapaban el muro, una mesa grande en el centro, y tres filas de bancos enfrente. Un grupo de SS se colocó a los lados y la espalda del grupo nupcial, y un oficial SS leyó los ritos matrimoniales, que Rudolf le traducía a Margarita al español. Rudolf sacó dos anillos, firmaron, y terminó la ceremonia.

Un preso que trabajaba en el Erkennungdienst, Wilhelm Brasse, pudo tomar fotografías, autorizadas, que se conservaron junto con las tarjetas de invitación que los compañeros de Rudolf diseñaron y dibujaron en cartulinas gruesas, autorizados también.

Margarita y Rudolf pudieron andar con libertad por el campo, vacío, escoltados por la orquesta que tocaba la marcha nupcial, y en ese momento, según recordaba Margarita, vieron un destello el uno en los ojos del otro de triunfo sobre la muerte.

Esa tarde Rudolf pudo jugar con su hijo, y después la pareja habló largo y tendido, momento en el que Rudolf le mencionó a Margarita la cámara de gas y los miles de personas que moría allí cada día.

Al acabar el día, la pareja pudo pasar un tiempo en una de las piezas del barracón 24, el que se utilizaba como prostíbulo, y se dispusieron dos habitaciones, una para la pareja y su hijo, y otra para el padre y el hermano de Rudolf.

Los presos habían recibido el encargo de prepararle el desayuno a la pareja de novios, y al amanecer llegó el momento de separarse. Rudolf pensaba que no se volverían a ver, pero prometió luchar hasta el final. Se besaron en la puerta, y Rudolf se dio la vuelta con los hombros hundidos sin mirar atrás.

Nueve meses después, en diciembre, Rudolf y otros cuatro presos que habían intentado fugarse fueron capturados, y ahorcados con la ceremonia habitual, y ésta, fue la última ejecución pública de Auschwitz, liberado el 18 de enero.

Tras la muerte de Franco, Margarita volvió a España, pero solo de visita pues su hogar ya estaba en Francia y se había vuelto a casar con Francisco Suárez en 1.956, un refugiado como ella, y superviviente de Mauthausen.

Margarita murió en París la nochebuena de 1.987.

Fue el único caso en el que se permitió casarse a un preso en un campo.

La foto de familia la tomó Wilhelm Brasse en el estudio fotográfico de Auschwitz, y es propiedad del Auschwitz Memorial.

Erich Hackl se basa en esta historia en su libro: Boda En Auschwitz.

En una nota de despedida a Margarita, Rudolf escribió: "Esperaba volver a veros a ti y a mi querido hijito, pero no podía abandonar la lucha. Me era imposible. Y ha llegado mi hora. No me siento triste, y tú tampoco debes estarlo, mi dulce mujercita. Cuando acabe la guerra volverás a España. Cuida de nuestro hijo. Haz de él un hombre y un luchador. Y mira al futuro para poder olvidar estos tiempos desdichados. Mis últimos pensamientos serán para ti".

Edouard Friemel llegó a ser profesor de psicología en la Universidad de París VIII.

Fuentes: Españoles en el holocausto; David W. Pike, Auschwitz Memorial


miércoles, 24 de marzo de 2010

La foto que nunca envié

Un sobreviviente del terremoto lleva el perro que rescató de las ruinas de su casa, a lo largo de una calle devastada por el terremoto y el tsunami.

"Sácame una foto con el perro," me dice el sobreviviente . La hago como si me lo ordenara, y veo que su cara muestra un tremendo dolor. "Perdí mi casa, el mar se llevó a mi hijo y a mi esposa, y esto es todo lo que quedaba. No puedo dejar el perro aquí. Era de mi hijo". Hace una pausa. "Me encontré a mi esposa (viva), pero mi niño está en paradero desconocido." Antes de que él termine de hablar bajo mi cámara y lloro. Camino junto con él, pensando qué decir para disminuir su sufrimiento, pero sólo hay silencio.

Nunca envié esta foto mal enfocada del sobreviviente del terremoto. La idea preconcebida de lo que hace una fotografía buena, la estética, las capas de la composición, y la nitidez o falta de ella... todos se convirtieron en razones para no elegirlo. Pasó algún tiempo después, cuando me di cuenta que la tristeza del hombre fuera de foco con su mascota sigue siendo transmitida como el dolor y la devastación incluso a través de las deficiencias técnicas de la imagen, y hace desaparecer todos los conceptos fotográficos que tengo en mi pequeño mundo . Yo culpo a la razón por superar a la emoción.

Técnicamente, la fotografía no es buena, pero, modestia aparte, creo que es la mejor foto que tomé. Hoy en día, está más claro que nunca para mí que en la edición de una historia que no siempre muestra todo lo que hemos visto, y que nunca dejamos de aprender en el proceso.

Me siento afortunado de que esta era la única persona que me encontré que había sufrido una muerte de primera mano en la Constitución. Me gusta creer que nunca nos volvimos a encontrar en itinerancia en las mismas calles, ya que finalmente encontró a su hijo.

La foto del hombre con su perro que nunca fue enviado a los medios de comunicación, pero sin embargo es la imagen del terremoto, que permanece impresa en mi mente fuera del obturador de 3.645 clics que mi cámara registró.


Foto y texto de Iván Alvarado, de Reuters.
Visto en menéame.


viernes, 12 de marzo de 2010

The third the seventh



Obra dirigida por Alex Roman, en la que sólo ha utilizado imagen generada por ordenador. Valiéndose únicamente de 3D Studio Max y software de edición y postproduccion de video ha conseguido una pieza realmente asombrosa. Un espectáculo de poesía visual digno de ser disfrutado cómodamente, preferiblemente a pantalla completa.

The Third & The Seventh from Alex Roman on Vimeo.

viernes, 5 de marzo de 2010

Suerte



Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:

-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quién lo sabe.

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quién lo sabe.

Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y cayó al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

- ¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tú eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quién lo sabe.

Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quién lo sabe

Cuento de la tradición sufí.