viernes, 16 de abril de 2010

El filo de los sueños


La vieja nuba.
Durante 18 meses vivió con los nubas, en Sudán, aprendió a cazar, contar cuentos, bailar y hablar como ellos: “Los sustantivos varían si los miran una persona o varias, si están al sol o a la sombra y si uno va o viene”. Una anciana desnuda se le acercó y pellizcándole el pezón le dijo: “¿Por qué estás siempre trabajando?, ¿y el placer, el sexo, los hijos, el baile y la música?”. Cuando regresó a Escocia se especializó en documentales científicos: “Me mostraron una placa de Petri en la que depositaron unas células que al juntarse comenzaron a latir como un corazón. Tuve la sensación de que así fue el principio de la vida” En su último documental lo mezcla todo: humor, misterios, ciencia y vida privada.



Todo comenzó cuando murió mi madre.

Extraño comienzo.

Una noche soñé que George, mi precioso caballo, me decía: “Prepara tu cámara, porque voy a morir”. Y desperté.

… Y fue corriendo a ver al caballo.

Si, y estaba muerto. Quise grabarlo porque estaba haciendo mi doctorado sobre la muerte. No había amanecido, tenía miedo, se me cayó la cámara y se rompió.

¿Y qué hizo?

Despertar a mi marido.

Cuénteme lo del doctorado.

Cuando mi madre moría, pude ver como atravesaba una experiencia física y emocional importantísimas, y ocurrió algo más: cuando expiró corrí a abrir la ventana y le dije: “Gracias y que tengas buen viaje”. ¡No tiene ningún sentido, soy atea! Así que para entenderlo decidí hacer el doctorado.

Muy racional.

Filmaba todo lo que tuviera relación con la muerte. Trabajé en una residencia de ancianos y grabé…


Hay quien toma notas, y usted graba.

…pero mi investigación sobre la muerte dio un giro cuando se convirtió en algo personal. Tuve otro sueño: mi primera pareja, con la que tuve un hijo y que había muerto de cáncer, me decía: “Amy, no se como decírtelo, pero te vas a morir a los 48 años”.

¿Qué pensó?

¡De ninguna manera!, le dije enfadada. Pero fue tan real que pensé: de acuerdo, tengo 18 meses de vida. Se lo conté a mi marido y también lo grabé.

¿Y que le dijo?

Es psicoterapeuta, así que intentó convencerme durante una hora de que ese sueño podía representar muchas cosas. Cuando acabamos de hablar estaba segura de que me iba a morir.

Veo que confía en su marido.

Al cabo de unos meses me puse enferma, no podía respirar. Los médicos me dijeron que ocurría algo grave en mis pulmones pero que no encontraban la causa. Hice el testamento, un seguro de vida, y me deprimí.

Pero siguió grabando.

Al principio era como una hipótesis científica: si existen los espíritus, estaré muerta en unos meses, pero tendré una gran vida como espíritu; si no existen, seguiré viva. Pero cuando enfermé, ya no me sentía tan valiente.

Ya.

No se lo había dicho a mis hijas. La menor un día me leyó la mano (estaba aprendiendo con las niñas de su clase). “¡Te vas a despertar muerta, no te queda vida!” me dijo.

¿Visitó a un psicólogo?

A un neurólogo, Mark Solms, que ha realizado muchos estudios sobre cómo afectan los sueños a personas que padecen tumores cerebrales. Me dijo que probablemente el caballo llevaba días apagándose porque morirse es un gran acontecimiento celular, y que de alguna manera me lo transmitió, y aunque no lo procesé racionalmente, la información estaba en mi subconsciente.

¿Y el sueño de su ex marido?

Me dijo que yo quería morir y que lo mejor que podía hacer era volver a la época del sueño y revisar que podía entender, y eso hice: fui a un chamán que me puso en trance y me dijo cosas sorprendentes.

Cuénteme.

“Puedes cambiar tu sueño, pero no puedes entrar en el mundo de los espíritus con miedo”. Pese a que no creía en los espíritus, estaba aterrorizada. Sigo sin entender que pasó.

¿Y qué pasó?

Encendí la cámara, me tumbé, y empecé a contestar lo primero que me venía a la cabeza: vi una serpiente, salté dentro de su boca, la serpiente me llevó junto a Arthur y le dije: “No estoy preparada para morirme”.

Bien dicho.

Luego encontré a una anciana y supe que era la mujer que se llevaba a los vivos. Me enfadé con ella, sé que parece una locura.

¿Porqué se enfadó?

Porque se había llevado a mi madre y pensaba que amenazaba mi vida. La ataqué, la estrangulé. Ella empezó a reírse y me pidió que me sentara junto a ella, y vi paisajes desoladores. Luego me dijo: te puedes ir.

Y despertó del trance.

No me pude mover durante dos horas, pero el miedo se había ido, sabía que tenía un futuro. Monté una fiesta e hice esta película.

¿Alguna conclusión?

Mark Solms me dijo que lo que conocemos de la realidad está limitado por nuestros cinco sentidos, más allá de ellos lo que existe es imperceptible para nosotros, pero eso no quiere decir que no exista.


Es probable que ese sexto sentido de la chamana lo tengamos todos, pero la mayoría sin desarrollar. He cambiado, ya no niego lo que no veo. Procuro mantener una comunicación constante conmigo misma y con lo que me rodea, sin cerrar ninguna puerta.

¿Y sus pulmones?

La chamana me dijo que esa enfermedad era metáfora de la enfermedad de la tierra, algo que yo había percibido. Existe un universo subjetivo del que somos parte y deberíamos trabajar para conectarnos con él.

Y sobre la muerte, ¿Qué ha entendido?

La gente dice que hay que tenerla presente, pero una mujer que cuidaba a su hija terminal me dijo: “Procuro vivir todos los días como si fuera a vivir para siempre”, y creo que es una perspectiva muy útil porque te vuelves muy cuidadoso con todo.

Amy Hardie, escocesa y realizadora de películas científicas, ha presentado en docsbarcelona The edge of dreaming. (Trailer)

Entrevistada por Ima Sanchís en La Vanguardia el 10 de Marzo de 2010.

Fotografía de Kelly Morris.

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